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Esta vida Mia

sábado, junio 16, 2007

Querido Papá

Hay días en que te olvido, es verdad, como es cierto que ya no puedo agarrarte, ni besarte, ni encontrarte en la casa.

Tu vida y la mía sólo están en los recuerdos, sólo se encuentran en ellos.

Pero la vida es lo cotidiano, el hastío y el placer, y el tiempo que se va les quita el tiempo a los recuerdos, y aunque también es cierto que uno no los persigue, ellos se aparecen.

Entonces duele mucho cuando mi mano no te encuentra, y duele no verte, Papá.

¿Cómo estarás ahora? ¿Cómo estarás sin mí?

La memoria es un animal que come, duerme y se despierta, y cuando lo hace, sin querer nos hiere el alma y con ella, todo lo que la rodea.

Hay días en que su garra se vuelve más dulce o más amarga, pero ahí está siempre ella, esencial, callada y eterna, urgente

Hay días, Papá, en que me muero por hablar contigo, por oír tu voz. Necesito tus palabras, y en tus brazos olvidar el mundo.

Hay días en que eres Dios, Papá, y eso borra la distancia entre nosotros.

Entonces descubro que me lates dentro, muy dentro, resguardado, interno en mí.

Yo te quiero mucho, Papá, y no me importa si a veces no te escribo, porque cuando lo hago, la vida se me va en ello.

Ojalá mi cariño te despierte para que tengas un buen día.

Yo te extraño, yo quiero pensar más en ti.

Hoy voy a pensar más en ti.

Una vez más, con todo el amor del mundo.

Tu hija que que AMA...

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